Incluir atún en la dieta es una forma sencilla de aportar a la tiroides los nutrientes que necesita para funcionar correctamente. La doctora Aurelia Vilar Bonet, especialista en Endocrinología del Hospital Santa Clotilde de Santander (España) y adscrita a la plataforma TopDoctors, identifica al selenio y al yodo como pilares nutricionales de esta glándula, y señala a los pescados seguros entre las fuentes de selenio que se deben privilegiar, según declaraciones recogidas por la revista especializada Pescado y Salud en su edición de octubre.

El atún sobresale en ese grupo. Según tablas de referencia nutricional de Estados Unidos, una porción de 85 gramos de atún cocido aporta alrededor de 92 microgramos de selenio, lo que equivale a cerca del 167% del valor diario recomendado para un adulto, fijado en 55 microgramos.

Para la especialista, prevenir o manejar adecuadamente las alteraciones tiroideas requiere combinar hábitos nutricionales correctos, un control médico oportuno y la protección frente a factores externos capaces de alterar el sistema endocrino. En ese esquema, la alimentación cumple un papel determinante.

Una glándula pequeña con funciones vitales

La tiroides, ubicada en la parte anterior del cuello y con forma de mariposa, es responsable de sintetizar, almacenar y liberar al torrente sanguíneo las hormonas tiroideas, principalmente la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3). Estas hormonas regulan el metabolismo energético, es decir, la forma en que el cuerpo utiliza los nutrientes.

Su acción resulta imprescindible durante el desarrollo fetal, la infancia y la adolescencia, y contribuye además a mantener la salud de tejidos como la piel, las uñas y el cabello.

Los trastornos de esta glándula se agrupan en dos grandes categorías: los que afectan a su funcionamiento, es decir, a la producción de hormonas, como el hipotiroidismo y el hipertiroidismo; y los que modifican su estructura física, como el bocio y los nódulos tiroideos.

Yodo: ni déficit ni excesos

El yodo es el insumo indispensable para que la tiroides fabrique sus hormonas. Sin embargo, la doctora Vilar Bonet advierte que debe consumirse en su justa medida. Para ello recomienda emplear preferentemente sal yodada, siempre de forma moderada.

El equilibrio es determinante: un aporte insuficiente puede derivar en bocio, mientras que los excesos bruscos pueden desencadenar brotes autoinmunes o alterar los niveles hormonales.

Selenio: el gran aporte del atún

El selenio es un mineral que actúa como potente antioxidante y como cofactor en el tejido tiroideo. La especialista menciona entre sus fuentes los pescados seguros, los cereales integrales y frutos secos como las nueces de Brasil.

Su recomendación favorece al atún frente a otras alternativas: la endocrinóloga advierte que tomar suplementos de selenio en dosis muy altas y sin supervisión no es aconsejable. Obtenerlo a través de alimentos como el atún, como parte de una dieta variada, es la vía que permite cubrir la necesidad diaria sin recurrir a la suplementación.

“Un exceso prolongado (selenosis) puede ser tóxico”.

AURELIA VILAR BONET, ENDOCRINÓLOGA

Vitamina D y protección frente a disruptores

A estos nutrientes se suma la importancia de mantener niveles óptimos de vitamina D, estrechamente relacionada con la regulación inmunológica, lo que ayuda a prevenir o modular las patologías autoinmunes que afectan a la tiroides. Los pescados, entre ellos el atún, figuran entre las pocas fuentes alimentarias naturales de esta vitamina, además de aportar proteína de alto valor biológico.

La especialista subraya, asimismo, la necesidad de controlar la exposición a metales pesados y a tóxicos ambientales —como ciertos plásticos que contienen bisfenol A, pesticidas o productos químicos industriales—, sustancias que actúan como disruptores endocrinos y pueden desequilibrar el eje hormonal.

EL ATÚN Y LA SALUD TIROIDEA

Yodo: indispensable para fabricar hormonas tiroideas. Su déficit provoca bocio; los excesos bruscos pueden alterar los niveles hormonales.

Selenio: antioxidante y cofactor del tejido tiroideo. 85 g de atún aportan cerca de 92 µg, alrededor del 167% del valor diario para adultos (55 µg).

Vitamina D: vinculada a la regulación inmunológica. El pescado, incluido el atún, es una de sus pocas fuentes alimentarias naturales.

A evitar: metales pesados, bisfenol A, pesticidas y químicos industriales que actúan como disruptores endocrinos.

Atún seguro, la condición clave

La recomendación de la especialista habla de “pescados seguros”, y ese matiz es central para el consumo de atún: su aporte nutricional va de la mano de la garantía de inocuidad. Que el atún cumpla su papel como alimento protector depende de los controles de calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria que acompañan su captura, procesamiento y comercialización.

En ese terreno, la industria procesadora atunera ecuatoriana —que genera más de 120 mil empleos directos e indirectos- se ha consolidado como referente mundial en calidad, trazabilidad, inocuidad y sostenibilidad. Sus conservas y lomos, que llegan a mercados exigentes de todo el mundo, ofrecen a los consumidores una forma práctica y accesible de incorporar a su dieta los nutrientes que los especialistas recomiendan para cuidar la tiroides.