Las pesquerías del mundo podrían ser la primera gran víctima económica del nuevo récord de calor oceánico. Científicos consultados por DW advirtieron que la anchoveta peruana —la mayor pesquería del planeta— es especialmente vulnerable a un colapso reproductivo cuando el fenómeno de El Niño se intensifica, un escenario que consideran cada vez más probable dadas las temperaturas actuales. A diferencia de especies de mayor tamaño, que pueden desplazarse hacia aguas más frías, los cardúmenes de anchoveta carecen de esa posibilidad: simplemente dejan de reproducirse o mueren de inanición, arrastrando en su caída a los peces grandes, mamíferos marinos y aves que dependen de ellas para alimentarse. El atún, precisamente, es una de esas especies que sí puede desplazarse: ante aguas más cálidas en superficie, tiende a migrar hacia zonas más alejadas de la costa en busca de temperaturas más templadas, lo que aleja los cardúmenes de las áreas tradicionales de pesca y complica las faenas de captura.

Un récord que no debería estar ocurriendo ahora

El servicio europeo de cambio climático Copernicus confirmó que la temperatura superficial de los océanos alcanzó los 21,1 grados Celsius (70 °F) el viernes y el sábado pasado, un nuevo máximo histórico que superó por escaso margen la marca anterior, fijada en marzo de 2024. Lo inusual, señaló Samantha Burgess, responsable estratégica de clima de Copernicus, es el momento en que se produjo: normalmente el pico de temperatura oceánica global ocurre entre marzo y abril, cuando termina el verano austral, no en agosto.

Ese desfase temporal implica que el calentamiento del océano continuará en las próximas semanas, hasta que El Niño —el fenómeno natural que altera temporalmente el clima global al calentar ciertas zonas del Pacífico— llegue a su punto máximo, algo previsto entre noviembre y enero.

El Niño y la huella humana, un mismo motor

Burgess atribuyó el fenómeno a una combinación de dos fuerzas: un episodio de El Niño que ya iguala en intensidad a otros eventos recientes y sigue fortaleciéndose, y el calentamiento de largo plazo generado por la quema de carbón, petróleo y gas, que ha elevado la temperatura del agua en 0,8 grados Celsius (1,4 °F). Un océano más cálido, explicó, pierde oxígeno y se acidifica, además de intensificar tormentas —con lluvias más fuertes y marejadas ciclónicas más grandes— y de amplificar las olas de calor en tierra, al desaparecer el efecto refrescante nocturno de la brisa marina.

Para John Bruno, ecólogo marino de la Universidad de Carolina del Norte, el momento del récord es motivo de particular preocupación: “Ni siquiera estamos en octubre todavía. Normalmente el Caribe alcanza su punto máximo hacia finales de septiembre o principios de octubre”, dijo, y adelantó su inquietud por lo que pueda ocurrir en el océano Austral y la Gran Barrera de Coral entre febrero y marzo del próximo año.

Arrecifes de coral: menos vida, pero también adaptación

El deterioro de los arrecifes es otro de los indicadores que preocupan a la comunidad científica. Según Bruno, la cantidad de coral sensible al calor que sobrevive hoy equivale a apenas una quinta parte de la que existía en la década de 1990. No obstante, matizó, investigaciones recientes muestran que algunas especies —principalmente las más resistentes y oportunistas, no las emblemáticas y longevas como el coral cuerno de ciervo— están logrando adaptarse a aguas más cálidas, lo que morigera el escenario de destrucción total que se temía anteriormente.

El calentamiento también está modificando la composición de la vida marina costera: tanto en Europa como, según Bruno, en la costa este de Estados Unidos, se reporta una mayor presencia de medusas, especies oportunistas que tienden a beneficiarse de las aguas cálidas.

“El océano es el termostato del planeta”

Jane Lubchenco, oceanógrafa y exdirectora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), calificó el récord de “muy preocupante” y advirtió que un océano tan cálido desestabiliza los patrones meteorológicos y amenaza la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y la vida marina. “Un océano más cálido no es nuestro amigo”, escribió en un correo electrónico citado por DW.

En la misma línea se pronunció Rick Spinrad, también exdirector de la NOAA, para quien el océano funciona como el termostato del planeta: mientras la seguridad, la prosperidad y el bienestar humanos dependan de un océano saludable, sostuvo, estas temperaturas récord anticipan desafíos todavía mayores. “Simplemente ya no existe la normalidad”, resumió Worm.

Nota elaborada con base en información publicada por Deutsche Welle (DW).