El calentamiento oceánico que en julio situó la temperatura superficial media del planeta en 20,96º C —el valor más alto registrado para ese mes, por encima del máximo previo de 2023— tiene en el Pacífico oriental uno de sus escenarios más críticos para la actividad pesquera. Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el aumento sostenido de la temperatura marina se ha manifestado con fuerza en el Atlántico y el Mediterráneo, pero es en el Pacífico tropical donde confluye además con la reactivación de El Niño, el fenómeno que condiciona de forma directa la disponibilidad de atún para la flota que abastece a la industria procesadora del Ecuador.
Un fenómeno que ya golpea las capturas
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) proyecta que El Niño se intensificará entre agosto y octubre de 2026 hasta alcanzar la categoría de evento fuerte, con anomalías de temperatura superficial que podrían superar los 2,9º C en las zonas clave de vigilancia del Pacífico ecuatorial. El fenómeno aún no se declara oficialmente en Ecuador, pero sus efectos sobre la pesca ya son medibles: según la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), las capturas de atún en el océano Pacífico Oriental cayeron 13% entre enero y mayo de 2026 frente a igual período de 2025.
Ecuador, que con una participación del 36% es el país que más captura atún en esta zona —por delante de México y Panamá—, ha sido el más afectado dentro de la región: sus capturas se redujeron 29% en el mismo período. El impacto es todavía mayor sobre el barrilete, la especie que más faenan los buques ecuatorianos, cuyas capturas cayeron 42% hasta mayo.
Menos nutrientes, atún más disperso
El vínculo entre el calentamiento del Pacífico oriental y la dispersión del recurso tiene una explicación oceanográfica conocida. Durante El Niño, una capa superficial de agua más gruesa y cálida suprime el afloramiento de aguas profundas frías y ricas en nutrientes frente a las costas de Sudamérica. Con menos fitoplancton disponible, especies como el atún, las tortugas marinas y las aves marinas se desplazan hacia otras zonas de alimentación, lo que obliga a las flotas a navegar más tiempo y más lejos para localizar los cardúmenes.
Según la Cámara Nacional de Pesquería (CNP), la temperatura ideal para el atún se ubica entre 24 C y 25º C: cuando el mar se enfría o se calienta por encima de ese rango, la especie migra hacia otras latitudes o se desplaza a mayor profundidad. Las proyecciones actuales apuntan a un incremento de entre 1º C y 1,5º C en la zona, aunque el nivel de certeza sobre la magnitud de la anomalía aumentará recién a finales de agosto y en septiembre. Un buque atunero de gran tamaño tiene autonomía para permanecer hasta 60 días en altamar buscando el recurso; uno pequeño, hasta un mes.
A la dispersión del recurso se suma un factor regulatorio: desde el 6 de agosto rige la veda del atún en el Pacífico Oriental, que se extenderá por 64 días y dejará fuera de operación a la mitad de la flota. En ese período, la industria procesadora —que transforma cerca de 600.000 toneladas de atún al año, de las cuales aproximadamente el 50% proviene de capturas locales— recurre a la importación de materia prima desde mercados como Estados Unidos y Centroamérica para sostener una capacidad instalada superior al volumen que desembarcan los barcos nacionales.
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EL CALENTAMIENTO EN CIFRAS |
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20,96 ºC |
Temperatura superficial media global del mar en julio de 2026, récord histórico para ese mes (Copernicus) |
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+2,9 ºC |
Anomalía proyectada por la OMM en zonas clave del Pacífico entre agosto y octubre de 2026 |
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-13% |
Caída de las capturas de atún en el Pacífico Oriental, ene.-may. 2026 vs. 2025 (CIAT) |
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-29% |
Caída de las capturas de Ecuador en el Pacífico Oriental en el mismo período |
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-42% |
Caída de las capturas de barrilete, la principal especie de la flota ecuatoriana |
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36% |
Participación de Ecuador en las capturas de atún del Pacífico Oriental, la mayor de la región |
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USD 662,9 M |
Exportaciones de atún de Ecuador ene.-may. 2026, -6% frente a igual período de 2025 (BCE) |
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64 días |
Duración de la veda del atún en el Pacífico Oriental, vigente desde el 6 de agosto de 2026 |
El efecto se traslada a las exportaciones
La reducción de las capturas ya se refleja en el comercio exterior. Las exportaciones ecuatorianas de enlatados y lomos de atún sumaron USD 662,9 millones entre enero y mayo de 2026, una caída de 6% frente a igual período de 2025, según el Banco Central del Ecuador; en volumen, la contracción fue de 7%. La Unión Europea, que concentra el 60% de las ventas externas del sector, exige además que los enlatados exportados a ese mercado contengan materia prima de origen ecuatoriano, por lo que la menor disponibilidad de captura nacional incide de forma directa sobre ese destino, donde las exportaciones cayeron 7,5% en el mismo período.
Un océano que exige monitoreo constante
El fenómeno regional se inscribe en una tendencia oceánica de fondo: julio de 2026 fue prácticamente el segundo mes más cálido de la serie histórica, solo por detrás de 2023, mientras que la superficie oceánica superó todos los registros previos conocidos. El océano absorbe una parte considerable del exceso de calor generado por el cambio climático, lo que amortigua temporalmente el calentamiento atmosférico, pero transforma al mismo tiempo la distribución de las especies marinas de las que depende la actividad pesquera.
Para la industria atunera ecuatoriana, ese contexto plantea un desafío de gestión que trasciende la temporada actual. Anticipar con mayor precisión los desplazamientos del recurso, fortalecer la investigación oceanográfica y sostener una capacidad de respuesta ágil frente a la variabilidad climática serán factores determinantes para amortiguar el impacto de fenómenos como El Niño sobre la actividad extractiva y garantizar el abastecimiento sostenible de una industria de la que dependen miles de familias ecuatorianas vinculadas a la pesca y al procesamiento del atún.


