La sostenibilidad de los principales recursos atuneros del planeta sigue avanzando, aunque a un ritmo desigual entre océanos y especies. Así lo confirma la última evaluación de la International Seafood Sustainability Foundation (ISSF), publicada en julio de 2026, que examina el estado de 23 poblaciones comerciales de atún y la eficacia de los sistemas internacionales que las administran. Para una industria como la ecuatoriana, que exporta a mercados cada vez más exigentes en materia de trazabilidad y manejo responsable del recurso, el informe funciona como un mapa de fortalezas y tareas pendientes a nivel global.

El estudio, que toma como referencia los criterios del Marine Stewardship Council (MSC), evalúa dos dimensiones: el estado biológico de cada población —el Principio 1 del estándar— y la eficacia de la gestión que ejercen las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP), correspondiente al Principio 3. Quedan fuera de este análisis los impactos sobre ecosistemas y especies acompañantes, que el MSC evalúa por separado bajo su Principio 2.

El hallazgo central del informe es que 16 de las 23 poblaciones analizadas superan los requisitos del Principio 1, es decir, mantienen niveles compatibles con una explotación sostenible. Las siete restantes arrastran problemas que van desde el estado del propio recurso hasta la ausencia de reglas de control de capturas suficientemente desarrolladas, pasando por la falta de herramientas eficaces para limitar el esfuerzo pesquero cuando la situación lo exige.

El punto débil: reglas de control de capturas

Pese a los avances, el informe identifica en las reglas de control de capturas —los protocolos que fijan de antemano cuánto se puede pescar según el estado del recurso— el principal punto pendiente de la gestión atunera mundial. Solo 9 de las 23 poblaciones cuentan hoy con estas reglas plenamente implantadas. El resto de las organizaciones regionales continúa desarrollando sus procedimientos a partir de simulaciones científicas y de las llamadas Estrategias de Evaluación de la Gestión (Management Strategy Evaluation, MSE), un proceso que la propia ISSF reconoce como técnicamente exigente y lento de coordinar entre múltiples países. La reciente actualización del estándar MSC 3.1, de hecho, amplió los plazos otorgados a las OROP para completar estos mecanismos, en reconocimiento de esa complejidad.

Avances concretos en varias pesquerías

La edición 2026 del informe también documenta mejoras puntuales de calificación en pesquerías de peso comercial significativo: el patudo del Atlántico, el listado del Atlántico occidental, el patudo y el rabil del océano Índico, el rabil del Pacífico oriental y el atún blanco del Pacífico sur. En todos los casos, la ISSF atribuye la mejora a la incorporación de nuevas evaluaciones científicas del estado del recurso y a la adopción de procedimientos de gestión más robustos durante 2025.

En el extremo opuesto, algunas poblaciones continúan requiriendo programas de reconstrucción o exhiben debilidades importantes en sus sistemas de control. Según el informe, la falta de reglas plenamente operativas antes de que un stock entre en fase de recuperación sigue siendo uno de los factores que explica las calificaciones reprobadas, una situación que los autores consideran prioritaria para la sostenibilidad futura de la pesca mundial del atún.

Gobernanza regional: aprobada, pero con tareas pendientes

El informe evalúa también a las cinco grandes organizaciones responsables de administrar estos recursos a escala internacional: ICCAT, IOTC, WCPFC, IATTC y CCSBT. Todas obtienen calificaciones globales aprobatorias en materia de gobernanza, pero comparten una misma debilidad: el cumplimiento efectivo de las medidas de conservación y control que ellas mismas aprueban. La aplicación homogénea de esas normas entre todos los países miembros continúa siendo, según la ISSF, uno de los principales retos para elevar la eficacia real de la gestión internacional del atún.

Qué significa para el mercado del atún

El documento recuerda que alrededor del 58 % de las capturas mundiales de atún cuenta ya con certificación MSC, un reflejo del crecimiento sostenido que han tenido las pesquerías certificadas durante la última década. Los propios autores subrayan, sin embargo, que esta evaluación no equivale a una certificación pesquera completa: al no incorporar los criterios del Principio 2, no analiza los impactos sobre hábitats ni sobre especies acompañantes.

Para la ISSF, el estudio constituye sobre todo una herramienta de referencia para identificar fortalezas y debilidades de la gestión mundial del atún y orientar futuras decisiones de política pesquera. En un contexto de demanda internacional creciente y de mercados cada vez más exigentes en materia de sostenibilidad —una tendencia que la industria atunera ecuatoriana observa de cerca en sus principales destinos de exportación—, el informe concluye que los progresos son significativos, pero que el éxito a largo plazo dependerá de tres factores: reglas de explotación más eficaces, mayor cumplimiento de las decisiones de las organizaciones regionales y una gestión sostenida en la mejor evidencia científica disponible.