Durante décadas, la investigación científica internacional ha construido un argumento sólido, replicado en miles de estudios y avalado por organismos como la FAO, la OMS y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria: el atún es uno de los alimentos más completos que el mar pone sobre la mesa.

Los ácidos grasos omega-3 de cadena larga —EPA y DHA— que concentra el atún actúan sobre el organismo en múltiples frentes. Una revisión publicada en Current Atherosclerosis Reports en 2025 sintetizó más de cinco años de estudios de cohorte y metaanálisis, y concluyó que niveles elevados de EPA y DHA en sangre se asocian de manera consistente con menor riesgo de eventos cardiovasculares. El estudio ATTICA, que siguió a más de 2.000 adultos durante veinte años, documentó una reducción del 27% en el riesgo de enfermedad cardiovascular entre quienes consumían pescado al menos dos veces por semana.

El cerebro también tiene mucho que agradecer. El DHA forma parte estructural de las membranas neuronales y de la retina; su presencia durante el embarazo y los primeros años de vida no es opcional, es determinante. Una revisión sistemática publicada en Advances in Nutrition en 2025, que analizó datos de más de 300.000 pares madre-hijo, identificó cerca de 60 asociaciones positivas entre el consumo materno de pescado y mejores resultados en el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la atención y el comportamiento socioemocional de los hijos.

“Los beneficios del consumo regular de pescado superan ampliamente los riesgos para la inmensa mayoría de la población.” — FAO / OMS, Consulta de Expertos 2023

A esto se suman micronutrientes como el selenio —que además modula la biodisponibilidad del mercurio—, la vitamina B12, el zinc, el hierro y el fósforo. El perfil del atún no es el de un alimento funcional de moda: es el de un alimento completo, validado por la ciencia y respaldado por recomendaciones globales.

En octubre de 2023, la FAO y la OMS celebraron su segunda Consulta de Expertos sobre riesgos y beneficios del consumo de pescado. La conclusión fue clara: los beneficios superan ampliamente los riesgos para la inmensa mayoría de la población. La FDA de Estados Unidos refuerza ese mensaje en sus guías de 2024: el pescado, consumido regularmente, protege el corazón y favorece el desarrollo cognitivo.

Para la industria procesadora atunera ecuatoriana agremiada a CEIPA, esta convergencia científica e institucional es mucho más que un argumento comercial. Es la confirmación de que producir atún de calidad, de forma sostenible y trazable, es contribuir a la salud de millones de personas en más de 90 países.