La tensión creciente en el Golfo Pérsico, combinada con el encarecimiento sostenido de los combustibles, está trasladando sus efectos a una cadena que arranca en alta mar y termina en las pescaderías y supermercados europeos. El último informe de GLOBEFISH-FAO, publicado en abril de 2026, traza con precisión ese recorrido.

El diagnóstico es claro: los costes operativos de la pesca y la acuicultura se han disparado, y la logística internacional acusa el golpe. La Unión Europea ya reconoció formalmente al sector pesquero como uno de los afectados por incrementos de costes “inesperados, repentinos y significativos”. En Italia, el gasoil pesquero pasó de 0,70 a 1,50 euros por litro en apenas cuatro semanas, entre marzo y abril. Una duplicación que pocos armadores pueden absorber sin repercutir el aumento aguas arriba.

La acuicultura enfrenta una presión paralela. Sus ciclos de producción dependen de piensos cuya elaboración requiere soja, cereales y fertilizantes nitrogenados —urea, principalmente—, casi la mitad de cuya oferta mundial transita por el estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción en esa ruta convierte un conflicto geopolítico en un problema de rentabilidad para las piscifactorías del Mediterráneo.

En el mercado de las especies blancas, la situación es especialmente tensa. El abadejo de Alaska, la merluza del Pacífico y el bacalao encadenan subidas sostenidas, impulsadas por una demanda internacional que supera los niveles de captura. Solo en el mercado italiano, el bacalao congelado ganó un euro por kilogramo en un mes. La campaña noruega tampoco ayudó: los volúmenes capturados quedaron por debajo de las previsiones.

El atún sigue el mismo rumbo. El precio del listado en Bangkok rozó los 2.000 dólares por tonelada, el registro más alto en casi tres años. En Seychelles y Costa de Marfil, el incremento llegó a 280 euros por tonelada en un solo mes. Paradójicamente, las conservas resisten bien la presión de la demanda: en tiempos de incertidumbre económica, los consumidores tienden a refugiarse en productos con larga vida útil.

Hay, sin embargo, un segmento que sigue en zona positiva. El salmón noruego continúa su expansión internacional: en marzo, Noruega exportó 106.000 toneladas por valor de 10.500 millones de coronas, con Asia como principal motor de crecimiento. China aumentó sus compras de salmón fresco noruego un 61%, y mercados como Corea del Sur, Tailandia y Taiwán acompañaron esa tendencia al alza.

El pulpo y los crustáceos tampoco escapan al ciclo alcista. La caída de capturas en África Occidental ha impactado en los precios del cefalópodo en Indonesia, con subidas superiores a dos dólares por kilogramo en determinadas presentaciones. El langostino, por su parte, acumula presión por partida doble: stocks europeos bajos e incertidumbre sobre la zafra argentina.

En el Mediterráneo, lubina y dorada se mantienen en precios elevados pero estables, con España como uno de los principales destinos del producto griego y turco. El pangasius, entretanto, sigue ganando terreno como alternativa de bajo coste frente a las especies blancas más castigadas por la inflación.

El informe no ofrece señales de alivio a corto plazo. La confluencia de energía cara, rutas marítimas tensionadas y stocks ajustados apunta a que la presión sobre los precios pesqueros se mantendrá durante los próximos meses. Para pescadores, comercializadores y consumidores, el mar se ha vuelto un poco más caro.