La industria atunera atraviesa una revolución silenciosa. Cada vez más consumidores y cadenas de retail exigen garantías de sostenibilidad, y los números lo confirman: las ventas de atún certificado por el Marine Stewardship Council (MSC) alcanzaron 300.000 toneladas durante 2024/25, registrando un incremento del 24% respecto al año anterior.

Según el Sustainable Tuna Yearbook 2025, publicado recientemente por MSC, aproximadamente 2,8 millones de toneladas de atún certificado se capturan anualmente, lo que representa cerca de la mitad de toda la pesca salvaje mundial de esta especie.

Europa y Norteamérica lideran la demanda

El informe revela que Alemania encabeza el consumo de atún con sello MSC, con casi 64.000 toneladas comercializadas hasta marzo de 2025. Estados Unidos le sigue de cerca con 54.600 toneladas, mientras que Reino Unido completa el podio con 40.500 toneladas.

La certificación dejó de ser un diferenciador opcional para convertirse en requisito básico de acceso al mercado. Actualmente, 261 marcas comercializan listado certificado, 140 ofrecen rabil y 137 distribuyen albacora con etiqueta MSC, consolidando la sostenibilidad como “moneda de cambio” en la competencia por espacio en góndolas y contratos corporativos.

El crecimiento no se limita a los mercados tradicionales. Canadá experimentó un salto “exponencial” del 582% en dos años, impulsado principalmente por conservas certificadas. Reino Unido e Irlanda también registran repuntes significativos gracias a mayor disponibilidad de producto etiquetado.

La diversificación del producto certificado

La expansión abarca múltiples categorías: desde conservas tradicionales hasta platos preparados, productos congelados, opciones “food-to-go” e incluso alimento para mascotas. Esta diversificación refleja cómo la certificación permea toda la cadena de valor.

El MSC reporta que 182 pesquerías participan actualmente en su programa, capturando el 57% del atún mundial. Esta masiva incorporación explica la creciente presencia de producto certificado en prácticamente todos los formatos comerciales.

El desafío pendiente: casi un tercio del atún queda fuera

Pese al optimismo de las cifras, el panorama muestra claroscuros. Aunque el 54% del atún global cuenta con certificación, un 3% está en proceso de evaluación y un 14% participa en proyectos de mejora pesquera (FIP), todavía existe un 29% de las capturas mundiales que opera completamente al margen: sin certificación, sin evaluación y sin programas de mejora estructurados.

Además, el MSC Improvement Program —diseñado específicamente para avances graduales— apenas representa el 0,46% de la captura global, evidenciando que queda un largo camino por recorrer.

Avances en gobernanza: el Pacífico marca la pauta

La verdadera transformación, según el informe, no reside solo en el volumen certificado sino en la evolución de la gestión pesquera. El documento destaca la transición desde compromisos genéricos hacia estrategias de captura con reglas de control medibles y verificables.

Dos casos sobresalen como modelos a seguir. El listado del Pacífico occidental y central —la pesquería de atún más grande del planeta— implementó en diciembre de 2023 una estrategia robusta que le permitió cumplir condiciones pendientes y convertirse en el primer stock en satisfacer los requisitos de la Sección SE del nuevo estándar MSC v3.1, específicamente diseñado para pesquerías multinacionales.

El segundo hito corresponde a la albacora del Pacífico Norte, que logró un precedente histórico: un plan de gestión coordinado entre dos organizaciones regionales de pesca (WCPFC e IATTC), resolviendo así el desafío de administrar stocks que migran entre distintas jurisdicciones.

Sostenibilidad como norma, no como excepción

El anuario concluye que el “momento dulce” del atún certificado responde a un cambio estructural en las prioridades de consumo y compra corporativa. La sostenibilidad pasó de ser un valor agregado a convertirse en condición básica de entrada al mercado.

Sin embargo, el verdadero motor de este cambio —advierte el MSC— no está únicamente en las decisiones comerciales, sino en la capacidad de fortalecer la gobernanza pesquera y las prácticas en el mar. Solo así la transición hacia la sostenibilidad dejará de ser una tendencia de mercado para consolidarse como la nueva normalidad de la industria atunera global.