Seis agencias de cuatro países concluyeron con éxito la Operación North Pacific Guard, la misión internacional anual que patrulla alta mar para combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). La NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) de Estados Unidos, una de las entidades participantes, recordó con motivo del cierre de la operación que este tipo de pesca “constituye una amenaza para las poblaciones mundiales de peces y para el conjunto de los ecosistemas marinos”, además de afectar la seguridad alimentaria y económica global.

La operación reunió al Departamento de Pesca y Océanos de Canadá, la Guardia Costera Canadiense, la Real Policía Montada de Canadá, la Guardia Costera de Estados Unidos, la Agencia de Pesca de Japón y la Guardia Costera de la República de Corea. El despliegue conjunto tuvo como plataforma al buque CCGS Sir Wilfrid Laurier, de la Guardia Costera Canadiense, desde el que los equipos de abordaje recorrieron 8000 millas náuticas en aguas del Pacífico Norte.

Durante la navegación, los agentes realizaron decenas de abordajes e inspecciones a buques pesqueros, un trabajo que les permitió documentar lo que las agencias participantes describieron como “numerosas” presuntas infracciones a las medidas de conservación y ordenación vigentes en la región.

La pesca INDNR “sitúa en desventaja a los pescadores y productores de productos del mar que cumplen la normativa, tanto en Estados Unidos como en otros países”, advirtió la NOAA al cierre de la operación.

QUÉ INFRACCIONES SE DETECTARON

Entre las presuntas violaciones registradas durante los abordajes figuran el cercenamiento de aletas de tiburón (finning), la posesión de especies amenazadas a bordo y la falta de declaración precisa de las capturas, tres de las prácticas que con mayor frecuencia distorsionan las estadísticas pesqueras y erosionan los esfuerzos de conservación en alta mar.

Ninguna de esas infracciones fue resuelta a bordo del buque canadiense: las agencias participantes optaron por trasladar la información de forma confidencial a los Estados de pabellón de las embarcaciones implicadas y a las organizaciones regionales de ordenación pesquera (OROP) competentes, que ahora deberán abrir sus propias investigaciones y determinar las sanciones que correspondan. 

UNA PRESIÓN QUE TAMBIÉN INTERESA A LA INDUSTRIA ATUNERA

North Pacific Guard se suma a una lista creciente de operaciones multilaterales de vigilancia pesquera que, año tras año, buscan cerrar el margen de acción de las flotas que operan al margen de las normas de conservación. Para sectores como el atunero, que compiten directamente con productos capturados fuera de norma, cada operación de este tipo —y la eventual sanción de los Estados de pabellón involucrados— refuerza el argumento de que la pesca responsable, documentada y trazable debe ser también la más competitiva en los mercados internacionales.

El resultado final de las presuntas infracciones detectadas en el Pacífico Norte dependerá ahora de las investigaciones que emprendan los Estados de pabellón y las organizaciones regionales de ordenación pesquera correspondientes, un proceso que las agencias participantes no adelantaron en plazos ni en identidad de los buques involucrados.