Casi dos tercios de las poblaciones marinas del mundo —el 64,5%— se encuentran dentro de límites biológicamente sostenibles, según la más reciente evaluación global de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La otra cara de la moneda es preocupante: más de un tercio, el 35,5%, sigue siendo víctima de la sobreexplotación.
Pero el dato agregado esconde una lección más importante. El verdadero diferenciador no es la región ni la especie, sino la calidad de la gestión. “Donde la gestión es efectiva, las poblaciones se sitúan en niveles objetivo o en proceso de recuperación”, señaló Nicolás Gutiérrez, alto funcionario de Pesca de la FAO y secretario del Subcomité de Ordenación Pesquera.
La pesca artesanal, un desafío de datos
La pesca a pequeña escala no es un actor menor: representa el 40% de las capturas mundiales y es el sustento de aproximadamente 500 millones de personas. Sin embargo, su naturaleza informal y multiespecífica convierte la recopilación de información en un obstáculo permanente para quienes diseñan políticas.
La respuesta que ha ganado terreno es la cogestión participativa, un modelo en el que pescadores, comunidades locales, científicos y autoridades administran conjuntamente los recursos. Uruguay es uno de los casos más citados: desde 2012, la pesquería de almeja amarilla opera bajo este esquema, con consejos zonales que integran a todos los actores del sector. El resultado fue tan alentador que el país extendió el modelo a otras especies. En California, los buzos de erizo rojo llevan dos décadas colaborando directamente en la toma de datos, lo que ha fortalecido la confianza del sector en las medidas de conservación.
El clima reescribe las reglas
El informe advierte que el cambio climático ya no es una amenaza futura: está modificando hoy la distribución de especies, la productividad oceánica y los ecosistemas disponibles. Frente a esto, los esquemas tradicionales de gestión resultan insuficientes.
La FAO promueve los llamados Procedimientos de Gestión, mecanismos que ajustan automáticamente los límites de captura según indicadores biológicos y proyecciones climáticas. En 2023, dos grandes comisiones pesqueras del Pacífico adoptaron uno de estos procedimientos para el atún albacora. En 2024, la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico hizo lo propio con el pez espada del Atlántico Norte.
La conclusión del organismo internacional es clara: las herramientas técnicas existen. El reto está en aplicarlas de manera sistemática. En un escenario de presión climática creciente y demanda mundial en aumento, gestionar bien los océanos ya no es solo una responsabilidad ambiental —es una condición indispensable para la economía global.


