El pasado 17 de enero de 2026 marcó un hito en la protección oceánica: después de dos décadas de deliberaciones internacionales, comenzó a regir oficialmente el BBNJ, un acuerdo respaldado por 145 países firmantes y ratificado por 81 naciones. Este instrumento legal busca asegurar la preservación y el aprovechamiento responsable de la vida marina en territorios oceánicos que no pertenecen a ninguna nación.

El tratado se estructura sobre cuatro pilares fundamentales: la gestión de recursos genéticos procedentes del mar, la implementación de mecanismos de administración territorial, la realización de estudios sobre efectos ambientales, y el fortalecimiento de capacidades junto con el intercambio tecnológico.

Una visión integral para gobernar los océanos

La implementación del BBNJ demanda una estrategia multisectorial que articule y potencie los marcos regulatorios vigentes para supervisar las distintas actividades humanas desarrolladas en territorios marinos internacionales: desde la captura de especies y el tráfico naval hasta la extracción minera y las expediciones científicas.

Una disposición destacada del tratado establece que los beneficios derivados de los recursos genéticos oceánicos —componentes esenciales en la fabricación de medicamentos, complementos nutricionales y productos de belleza— deben distribuirse con criterios de justicia y equidad.

El rol clave de la FAO

Manuel Barange, subdirector general de la FAO y responsable del área de Pesca y Acuicultura, destacó la capacidad de su organización para respaldar este proceso: “Nos encontramos ante un avance significativo para cerrar vacíos cruciales en el manejo de espacios oceánicos internacionales. Desde la FAO poseemos el conocimiento especializado, la trayectoria, la información y las plataformas indispensables para colaborar con los Estados e instituciones en hacer realidad este Acuerdo”.

Un territorio vital para el planeta

Los territorios oceánicos fuera de jurisdicciones nacionales representan cerca de dos tercios de la superficie marina mundial y constituyen la mayor parte del hábitat disponible en la Tierra. Anualmente, estas zonas proveen aproximadamente 11 millones de toneladas de especies acuáticas, principalmente atunes, especies afines, peces con pico prominente y tiburones capturados en aguas superficiales.

Las entidades regionales encargadas de regular la actividad pesquera han establecido normativas obligatorias en numerosas áreas internacionales, que incluyen programas de vigilancia, cuotas respaldadas científicamente, criterios de distribución, control de capturas no deseadas y prohibiciones temporales cuando resulta necesario aliviar la presión sobre los ecosistemas marinos. Barange subrayó que estas organizaciones, con su vasta experiencia en preservación de la biodiversidad marina, serán cruciales para el éxito del BBNJ mediante el desarrollo institucional, la gestión fundamentada en ciencia, el acopio de información y la supervisión continua.

“De la misma manera que ecosistemas prósperos y diversos constituyen el cimiento de una pesca perdurable, las estructuras creadas para regularla pueden contribuir decisivamente a garantizar que la actividad humana conviva con la biodiversidad marina y la fortalezca”, enfatizó.

Preparación para el futuro

Durante décadas, la FAO ha colaborado con alrededor de 50 organismos pesqueros de alcance regional, construyendo un sistema de cooperación en red que resultará esencial para el nuevo pacto. Actualmente, la organización ya asiste a gobiernos y entidades regionales en sus preparativos para aplicar el Acuerdo sobre espacios marinos internacionales. Aunque los mecanismos operativos del BBNJ continúan definiéndose, la FAO sostiene que sus plataformas de datos, redes de trabajo, conocimiento técnico y programas de fortalecimiento institucional serán fundamentales para su puesta en marcha.

“La diversidad biológica de nuestros mares es el soporte de una pesca sustentable y de la seguridad alimentaria a nivel planetario. Este Acuerdo representa una oportunidad sin precedentes para fortalecer la gobernanza oceánica global y maximizar los beneficios para toda la humanidad”, concluyó Barange.