Un equipo científico internacional liderado desde el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales ha identificado una oportunidad inesperada para combatir la desnutrición global: dejar que los peces de los arrecifes de coral se regeneren naturalmente.
La investigación, que involucró a especialistas de Australia, Alemania, Canadá, Francia, Reino Unido y Panamá, arroja una conclusión contundente: los arrecifes coralinos del planeta están produciendo apenas una fracción del pescado que podrían generar de forma sostenible. La causa principal es la sobreexplotación sistemática de estas comunidades marinas.
Millones de raciones de proteína desaprovechadas
Los hallazgos, publicados recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences, cuantifican por primera vez las pérdidas alimentarias derivadas del agotamiento de los ecosistemas coralinos. Según los cálculos del equipo, restaurar estas poblaciones ícticas elevaría los rendimientos pesqueros sostenibles en casi un 50% a nivel global.
“Estamos hablando de entre 20.000 y 162 millones de porciones adicionales de pescado por país al año, cantidades suficientes para cubrir las necesidades nutricionales de varios millones de personas”, señala Jessica Zamborain-Mason, profesora de la Universidad de Ciencia y Tecnología King Abdullah en Arabia Saudita y autora principal del trabajo.
África y el sudeste asiático, los más beneficiados
El análisis abarcó territorios coralinos en decenas de países—desde República Dominicana, Panamá y Jamaica hasta Kenia, Madagascar, Filipinas e Indonesia—utilizando modelos estadísticos avanzados para proyectar escenarios de recuperación pesquera.
Los resultados muestran una correlación reveladora: las naciones que más ganarían con la restauración de sus arrecifes son precisamente aquellas que enfrentan las tasas más elevadas de desnutrición y carencias de micronutrientes esenciales. Indonesia encabeza la lista de potenciales beneficiarios.
“Existe una superposición geográfica entre las zonas con mayor sobreexplotación de arrecifes y las regiones que padecen hambre crónica”, explica Sean Connolly, científico del equipo de investigación del Smithsonian.
Más que ecología: seguridad alimentaria
Los investigadores subrayan que la recuperación de los arrecifes de coral trasciende el ámbito puramente ambiental. Se trata, argumentan, de una estrategia viable para mejorar la nutrición humana y garantizar el acceso a proteínas de calidad en las comunidades más vulnerables.
No obstante, advierten que materializar estos beneficios exigirá implementar políticas pesqueras robustas, establecer programas de subsistencia alternativos durante los períodos de veda y asegurar cooperación internacional para apoyar a las comunidades costeras dependientes de la pesca.
“Nuestros datos demuestran que gestionar eficazmente la pesca en arrecifes genera beneficios concretos y mensurables que van mucho más allá de preservar la biodiversidad marina. Estamos hablando de seguridad alimentaria y salud pública”, enfatiza Zamborain-Mason.
El desafío inmediato, concluyen los autores, consiste en diseñar estrategias de gestión territorial que logren equilibrar la conservación marina con las necesidades económicas de las poblaciones locales, desbloqueando así el verdadero potencial alimentario de los océanos.


